ESTUDIO BIBLICO
Por: Ord.LMorrow
Gigantes al acecho
Capítulo 5
Crítica
Algunas ocasiones la vida parece estar formada por una cadena de "si" si las cosas fueran mejores, si no hubiéramos tenido que tratar con tal persona, con tal cosa, o con tal circunstancia, si Dios hiciera las cosas diferentes, si tuviéramos diferentes vecinos, si no estuviéramos enfermos, etc. Constantemente estamos diciendo: "Si no fuera por eso, todo estaría bien."
La vida en este mundo dista mucho de ser un perpetuo día de sol. Encontramos gigantes, tal como los espías israelitas los encontraron en la tierra de Canaán. No hemos logrado excluirlos. Algunos de ellos viven en nuestra propia casa. Algunos de ellos (para ser honestos en el asunto) viven hasta en nuestro corazón. Son reales, enormes, terribles, persistentes, despiadados y nos privan de las bendiciones que legítimamente nos pertenecen. Uno de tales gigantes es la crítica.
La crítica puede ser buena o mala. Un crítico es alguien que expresa una opinión razonada del valor, verdad o corrección de algún asunto; alguien que realiza un análisis, una evaluación o una apreciación. La crítica puede ser de gran valor. Más que eso, a veces es necesaria. Cada uno de nosotros debe ser un crítico; esto es, debe ser capaz de dar una opinión cuidadosa, inteligente y razonada. No debemos tragarnos cualquier cosa sin mayor explicación, sino que debemos examinar a fondo el asunto.
Hay cierta crítica, sin embargo, que es dañina. El crítico que emite su opinión despiadada, irreflexiva y (a menudo) prejuiciada en cuanto a algo, ordinariamente sabe muy poco o nada del asunto. Todo lo ve bajo una luz o actitud desfavorable. Encuentra faltas, no hace ningún esfuerzo por juzgar equitativamente, detecta trivialidades, selecciona todos los errores insignificantes, y es pronto para condenar. Se convierte en un desconfiado, y piensa que toda la conducta humana es motivada por el interés propio. Desconfía de los motivos, y mira a casi todo con una incredulidad que raya en el desprecio; especialmente a aquello que le hace sentirse o aparecer inferior.
Este gigante de la crítica alimenta el descontento, destruye sin ton ni son, deja detrás de sí un reguero de personas destrozadas y es causante de muchas lágrimas.
Este gigante en verdad tiene dos caras. Es como si no fuera solamente uno, sino como que fueran gemelos. Uno es el gigante de la crítica que recibimos de otros. Cuando alguien habla mal de nosotros, puede destruirnos rápidamente; a menos que sepamos como controlar a este gigante. Este gigante siempre anda persiguiéndonos. Si nunca has enfrentado a este gigante, si nunca has tropezado con crítica injusta, dura, cruel, despiadada y dañina, pronto la encontrarás.
Recuerdo que salí de mi casa muy muchacho. No pensaba que había sido en realidad sobre protegido. La vida era dura y bastante cruda. Pero recuerdo cuando me introduje en el ancho mundo, donde yo pensaba que la gente actuaría como gente. Cuando recibí mi primera dosis de crítica real y cruel, fue muy duro enfrentarla. Era en realidad un gigante. La crítica nos da un tremendo sacudón, y nos deja lamiéndonos las llagas, grandemente asustados.
El hombre que con el aliento que le dio el cielo
Habla palabras que ensucian la blancura de la vida
Es igual que un asesino, porque se mata
Tan igual con la lengua o con cuchillo.
Cuando alguien habla mal de ti sientes la crítica aguda, hiriente y mordaz. Ese gigante se meterá en tu vida y enredará todas las cosas. Te atacará del lado que no esperas. Serán tiempos de prueba para tu alma. No serás capaz de entenderlo. Te confundirá, te dejará frustrado, perplejo y pasmado.
El gemelo de este gigante es la crítica que nosotros lanzamos contra otros. De hecho, lanzar críticas causa más problemas que el recibirlas.
A menudo es fácil criticar a otros; es sencillo formarse una opinión sin conocer todos los hechos. Alguien dijo: "Los hechos pueden ser perturbadores; es mucho más sencillo ignorarlos." Nos convertimos en expertos; expertos de cosecha propia. Sabemos el por qué de todo. Sabemos por qué aquel fulano hizo aquello; sabemos sus motivos; lo entendemos perfectamente. Hacemos que la gente piense que sabemos mucho más de lo que decimos, cuando la verdad es que sabemos muy poco o nada de la persona a quien juzgamos.
¿Te gustaría que te juzgaran en la misma manera en que tú juzgas a otros? Recuerdo haber leído en alguna parte:
Si te sientes tentado a repetir un cuento
que alguien te ha contado
Acerca de otro, antes de repetirlo hazlo pasar
por tres puertas de oro;
Primera, ¿es verdad? Luego, ¿es necesario?
En tu propia mente Date una respuesta bien pensada.
Y luego, la última y más estrecha: ¿Es amable?
Y si para llegar, al final, a tus labios
pasa por estas tres puertas
Entonces puedes repetir el cuento,
sin temer al resultado de tu hablar.
Al criticar de continuo a otros, llegamos a cierto punto en que realmente no sabemos mucho; entonces simplemente hacemos conjeturas. Juzgamos todo, y nos creemos Dios; más que nuestros vecinos, que nuestros amigos, que la gente de la iglesia o que nuestro pastor. Pronto, todo mundo es víctima de nuestra crítica despiadada.
La gente dada a la crítica generalmente son personas que han intentado algo, y han fracasado. Se tornan amargadas, y la envidia crece, por cuanto la envidia aborrece la excelencia que no puede alcanzar. Entonces la lengua fustiga con la crítica.
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